FENÓMENOS CADAVÉRICOS = NOCHE EMOCIONAL

Hay situaciones en la vida que nos hunden, que nos llevan a la muerte misma. Acaban con lo que somos, hemos sido y culminan cualquier oportunidad de un posible llegar a ser. Nos sentimos devastados, acabados, transparentes, fríos, sin algún sentido emocional que corrobore nuestra existencia. No hay otra palabra para describirlo, simplemente estamos muertos. Pero tal como la muerte biológica conlleva unas etapas, así mismo nuestra muerte emocional se desenvuelve en nuestro interior mediante un proceso.

Mientras la ciencia habla de Fenómenos Cadavéricos yo opto por hablar de la Noche Emocional, y esto, anticipándoles de una vez, que por grave que sea nuestra muerte emocional siempre habrá un mañana en el que podremos renacer, y es que al fin y al cabo, no habría noche si no existiera el día.

La noche emocional empieza con la Deshidratación, en este punto nos sentimos secos, nuestra coraza protectora ahora es delgada, se torna apergaminada y se convierte en costras que dejan ver translúcidamente nuestra debilidad, empezamos a convertirnos en seres vulnerables, éste es el primer paso para dejar actuar en nosotros las siguientes etapas. Deshidratación igual a desarme.

Luego aparecen las Livideces, que son marcas que nos deja el pasado y que ahora se tornan visibles logrando afectarnos cada vez que salen a la luz. Y contrario a lo que algunos piensan, nada logramos huyéndole a estas marcas que nos hemos o nos han hecho. Son nuestras, ahí están, en nuestro cuerpo, en nuestra alma, son visibles a nuestros ojos. Es nuestra escasez palpable, y la única forma de hacerlas desaparecer es haciendo digito presión, que no es otra cosa que enfrentar cada marca, tocarla, reconocerla, saber de dónde viene y estar dispuesto a dejarla ir.

Al reconocer y ver nuestra debilidad quedamos devastados de observar cuánto nos hemos dejado afectar, por eso en nuestro intento de auto protegernos seguimos nuestro proceso con el Enfriamiento, que consiste en dejar pasar la vida exterior y verla desde lejos. Nos negamos a sentir otra vez, nos aferramos a la muerte entregándonos a sus fríos brazos. No queremos sentir, al menos no para entrar a este camino de muerte por segunda vez, por eso nos volvemos fríos ante el mundo, ante cada momento, ante cada expresión de los demás. Fríos con nosotros mismos, silenciosos, sin ganas de escuchar a nuestro propio pensamiento al que callamos con un susurro venenoso. Seguimos vagando en nuestra muerte, amos de los pasillos fúnebres pero aún vasallos de la vida propia.

Este enfriamiento nos lleva a una Rigidez inevitable, sobretodo si queremos callar nuestros pensamientos con diversas actividades. Algunas veces nos sometemos a ocupaciones varias para no pensar, para distraer lo indistraible: una mente en trabajo constante a favor de recuerdos lastimosos. Quedamos rígidos en cuerpo y mente, quedamos quietos, estancados, en el vacío, en lo profundo del seol. Ahí estamos, queriendo aún huir en el fondo del pozo, listos para lo peor. Y lo peor aparece, la Putrefacción. Donde emergen las causas y porqués, donde sale lo peor de cada uno, hay quienes nos aislamos, otros se entregan a las salidas rápidas como el licor, la droga, los placeres vanos, hay tantos caminos como cadáveres en el cementerio mundial. Pero en nuestra soledad o cuando aparece la sobriedad llega nuestra conciencia, aquella que hemos tratado de apagar para que no hable. Ahí está la clave de nuestro proceso, dejarla actuar. Al fin y al cabo ¿somos seres racionales no? Es tan importante este proceso mortuorio, es tan importante vivir la muerte con dignidad y respeto, porque no solo somos racionales, para serlo debemos ser primero humanos, de esos que experimentan la tristeza, las pérdidas, las decepciones, los engaños. El proceso de noche emocional tomará el tiempo que requiera en ti, lo importante es no quedarte podrido. Es pensar, asumir, responsabilizarte, perdonar y perdonarte, levantarte y definitivamente avanzar. Ahí es cuando volvemos a nacer, limpios, del hueco y esta vez nos debemos la vida a nosotros mismos, ahora la valoraremos más. Hemos sido tan valientes de enfrentar la muerte, vivirla, abrazarla, temerle y salir vencedores de ella. Hemos resucitado, resurgido de nuestras pequeñeces, de nuestros infortunios, aún de los más malolientes.

Somos grandes si lo logramos. Hay que vivir los procesos completos, solo así sanamos y nacemos completamente. Nada hacemos con resurgir con partes muertas, seremos más bien como muertos caminantes (que tanto están de moda en estas épocas) ya vemos muchos zombis por ahí sin perdonar, sin asumir, por eso se les nota la muerte aún en el rostro y  nunca amanece para ellos. Pero no para ti, no para mi, nosotros hemos resucitado, vemos de nuevo el sol, hemos optado por vivir y vivir bien, en palabras más mías, nos hemos “Autoparido”, porque esto de salir a la vida nuevamente es precisamente eso, volver a nacer.

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